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TORIBIO Y GUSTAVO: PENSADORES EN DIÁLOGO

Luis Alberto Arista Montoya* El pasado día martes 11 de diciembre la Universidad Ricardo Palma clausuró en forma excelente la celebración de su 50 aniversario de creación institucional, y el centenario del fallecimiento de su patrono Ricardo Palma

TORIBIO Y GUSTAVO: PENSADORES EN DIÁLOGO



13/12/19 - 05:15

Luis Alberto Arista Montoya*

     El  pasado día martes 11 de diciembre  la Universidad Ricardo Palma clausuró en forma excelente  la celebración de su 50 aniversario de creación institucional, y el centenario del fallecimiento de su patrono Ricardo Palma: Se  distinguió como Doctor Honoris Causa al Padre Gustavo Gutiérrez Merino, creador de la Teología de la Liberación.

    Actividad académica ambientada dentro de una excelente  exposición de retratos pintados al óleo de peruanos epónimos, bajo el título “Perú al pie del Orbe II”, del  pintor Bruno Portuguez Nolasco, pintor identificado, dicho sea de paso,  con la actual  cultura viva de los Chachapoya sea por el lado temático como por el lado familiar, pues su bella esposa Fanny Palacios Izquierdo es luyana,  nieta del escritor amazónico Francisco Izquierdo Ríos.

   Bajo el título “No hay nada más concreto que una buena teoría” el Padre Gustavo Gutiérrez sustentó su Discurso de orden para su incorporación académica a dicha universidad, en el que reflexionó sobre cómo los peruanos nos estamos acostumbrando a vivir dentro de un país desgarrado a causa de la ampliación de las brechas de desigualdad social y por la ausencia de una praxis ética en las cúpulas  del poder político y económico.

    Con la concreción de  su  buena teoría se refiere a la racionalidad y eticidad de su concepción sobre la Teología de la Liberación, que la sustentó a partir del año 1968 en la ciudad de Chimbote y pronto expandida, hasta el día de hoy, a todo el Perú y a toda América del Sur, hasta convertirse en una sólida filosofía religiosa a favor de la opción de los pobres, de los menesterosos sedientos de justicia social. Toda su obra teológica y filosófica tuvo en esta preocupación y ocupación su punto de partida y su punto de llegada, hasta convertirse en un gran actor universal válido para el  debate eclesial, sea desde en  el seno del Vaticano como en  las facultades  de Teología, Filosofía  y de las Ciencias Sociales.

     Gutiérrez entiende a la naturaleza del pecado como una forma de injusticia social; que los delitos son grandes pecados que deben ser sancionados penalmente y que son rechazados, felizmente, por la gente modesta desde las transformaciones realizadas en el  subsuelo de la nación, es decir, desde el Perú profundo que ahora pernocta y sufre en todo el país: en los arenales costeños, en los escarpados cerros  andinos, en las cálidas y húmedas montañas y llanuras amazónicas.

    Por eso, las palabras clave para entender el discurso epistemológico de Gustavo Gutiérrez son: el concepto de Liberación y la categoría de compromiso  social a favor de los Derechos Humanos sobre todo  los de los más pobres. 

    Tal como lo asumió también, a su turno como antecedente, el sacerdote chachapoyano, don Toribio Rodríguez de Mendoza (otro hombre epónimo presente en la exposición pictórica  de Bruno Portuguez).

    También dos son los conceptos clave del don Toribio: el concepto de Emancipación y el concepto educación ética y cívica del ciudadano, sustentados durante la primera década fundacional de la naciente república peruana, desde la cátedra y el rectorado del Real Convictorio de San Carlos, perteneciente a la Universidad Decana de América, la Universidad Nacional  Mayor de San Marcos; y desde su trabajo de campo como cura “doctrinero de indios” en la sierra norte de Perú.

    Uno de los puntos de partida del pensamiento teológico-liberador de Gustavo Gutiérrez es el pensamiento emancipatorio-liberador de Toribio Rodríguez de Mendoza que lo sustentó en sus discursos, cartas, informes y libros de Sentencias Morales a favor de una reforma educativa republicana. Desde la Teología de la Emancipación (propia del ilustrado Siglo XVIII) hasta la Teología de la Liberación (propia del Siglo XX y XXI) existe un bicentenario, largo y sinuoso camino abonado sistemáticamente por un “cristianismo ilustrado” que ha de renovarse a la luz de la filosofía y de las ciencias sociales, en especial de la Sociología, de la Antropología Social y de la Antropología Cultural que tienen como retos  repensar lo gravísimo de nuestro tiempo grave: la corrupción moral de las costumbres humanas.

    Desde don Toribio hasta don Gustavo la historia de las ideas del Perú contemporánea han transitado en diálogo entre  filosofía y  teología. La Filosofía ya no como amor a la sabiduría, sino como Saber; La teología  ya no tan solo como ciencia que trata de Dios y de sus atributos y sus perfecciones, sino como moral en tanto ejercicio de las virtudes, con una nueva lectura del Evangelio con  enfoque social y político emancipador/liberador.

    Dando como resultado  una racionalidad de la Fe tanto como una fe en la racionalidad científica. Razón/Fe son  dos vasos comunicantes que esclarecen nuestra existencia desgarrada cada vez más controlada por la ideología tecnocrática (el imperio del poder de la técnica deshumanizadora), que va enajenando el sentido de las dimensiones éticas de la vida, estudiado   a profundidad por el   filósofo/teólogo contemporáneo, Johan Leuridan Huys, cuyas obras recomendamos leer con prontitud y esmero.
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 *EDITORIAL. Para Radio Reina de la Selva. Lima 13 de diciembre del 2019. Luis Alberto Arista Montoya.

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