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CAÍDOS DEL PALTO

Pastillita para el Alma 14 – 05 – 19 En el año 1960 se puso en circulación el puente de Corral Quemado sobre el Rio Marañón y en una trocha carrosable empezó el transporte automotriz de Chiclayo a nuestra Fidelísima ciudad de Chachapoyas, siendo la Empresa Díaz la primera que llevaba

CAÍDOS DEL PALTO



15/05/19 - 05:45

Pastillita para el Alma 14 – 05 – 19

 En el año 1960 se puso en circulación el puente de Corral Quemado sobre el Rio Marañón y en una trocha carrosable empezó el transporte automotriz de Chiclayo a nuestra Fidelísima ciudad de Chachapoyas, siendo la Empresa Díaz la primera que llevaba pasajeros, si es que no estoy equivocado.

Recuerdo en cierta oportunidad, por el mes de diciembre de 1961 o 62, salí del hospital donde hacía mis estudios de Medicina y en mi carro, con la única compañía de mi perro pastor alemán, llamado Guardián, fui con destino a mi tierra bendita.

La carretera panamericana norte, no era tan transitada como es ahora y cuando el aire de juventud, es la energía que alimenta el espíritu, además, con la alegría de visitar a mis adorados padres y a la tierra donde había nacido, no hay nada imposible que no se pueda vencer. Recuerdo, que en los tambos del camino, durante la noche, donde entraba a tomar una taza de café para quitarme el sueño, me aconsejaban que lo mescle con Coca Cola, para no dormirme y la verdad que daba resultado. Sin exagerar y sin ningún problema durante mi viaje, ya estaba en Chiclayo, buscando en los hoteles, cerca del Mercado, algún paisano que se animara a acompañarme, sin ningún resultado. Tal vez las 5 o 6 de la mañana del siguiente día, volteaba el cuello y raudo, al compás de la música de los boleros de Los Panchos, los valses de Jesús Vásquez, Maritza Rodriguez o los huapangos y rancheras de Pedro Infante, en mi tocadiscos de 45, que en esa época era una novedad, las distancias se hacían más cortas y mi Guardián, en el asiento del copiloto, olfateaba el aire y de vez en cuando ladraba como saludando a alguna cachorrita que salía presurosa de sus viviendas al vernos pasar raudos en la nube de polvo del camino o cruzarnos con camionetas pick up y uno que otro automóvil.

Ya en el valle del Hualapampa y casi cerca a la bifurcación que penetra a Jaén de Braca moros, me detuve en una chingana que en la pizarra colocada en la puerta, junto a una mesa con naranjas, limones, cocos y guabos, anunciaba caldo de gallina con seco de res; sentado en una mesa y con mi perro cerca a mis pies, devorando sus dos platos de caldo, con yucas y presas de gallina, gruñía y miraba receloso a una mesa cercana donde conversaban  4 amigos, mientras libaban sendos vasos de cerveza y en lo que fácilmente se podía escuchar a uno de ellos, un joven de más o menos 27 a 30 años, fumando cigarrillos con filtro, pelucón, sonriente, con cara de buena gente, les decía a sus amigos:

“Váyanse compadritos a Chachapoyas…, no se van a quejar…,  es tierra virgen. La gente es muy buena o mejor dicho son CAÍDOS DEL PALTO…. Te prestan plata, sin documento, les devuelves puntual…, luego les pides un poco más y también cumples puntualazo y, para que manllen, que eres considerado, les devuelves algo más, como intereses y después, das el puntillazo pidiendo bastante y desapareces y te quitas, igualito haces con los mercas que te dan fiado… ¡Vayan hermanos yo sé lo que les digo no se van a arrepentir, salvo que se vayan a enamorar y se casan con alguna buenamoza y ahí se jorobaron y les cae la quincha!

Pasé el puente de Corral Quemado. Respiré hondo y con la alegría metida en el corazón de pisar nuestro suelo, donde uno ya no se siente un extraño, sino propietario hasta del aire que se respira, me sentía como muchas veces en el paraíso, dueño de todo y dueño de nada. A las 3 de la tarde llegaba a lo que es la zona de Pedro Ruiz, un pequeño caserío, con pocas casas de tejas, y entre la escasa gente me encontré con el gran capitán de Belén, mi compadre Conrado, que era supervisor de caminos o algo así y estaba vigilando los trabajos de las cunetas de la carretera. Con la dicha de estar con él, le dije ¡Vamos compadrito! Vamos a Chachapoyas y en la forma solo como los hombres de bien saben contestar, me dijo: No compadrito, mi hora de salida es las 5 de la tarde y recién a esa hora subo. Bueno faltaban casi dos horas y ya encontraba un primer caído del palto que cumplía su horario sin que nadie lo vigile.., tenía que esperar y más bien me dijo, ¿qué tal si me das una jaladita más hacia abajo, porque también por ahí hay peones, que tengo que controlarlos?… Bueno, ni que quejarme, yo también era uno del bosque, pero, aclaro, del bosque de la china… y como no era yo el que lo cargaba retrocedí y él tuvo que sentarse en el asiento posterior, porque mi Guardián no cedió su sitio, hizo respetar su autoridad con gruñidos y ladridos que mi compadre entendió perfectamente.

Fácil hubiese podido llegar a ver a mis viejos máximo a las 5 de la tarde, pero, regresé como 10 kilómetros cuesta abajo, tuve que esperar a mi querido compadre y entendí que no debía quejarme nada, porque, al fin de cuentas, aunque no quiera, yo también Soy un caído del Palto. 

Esta anécdota, sin importancia, como tantas otras que cuento, no tendría por qué referirla, al no ser porque en esta mañana, en la radio de mi hermano REINA DE LA SELVA, escuché que antes de empezar su noticiero y su espacio “Despierta Chachapoyas” y no digo “Ya es Hora”, porque hace muchísimo tiempo, que nosotros ya despertamos, (solo que somos demasiado buenas gente o nos hacemos los upas, para esconder alguna zamarrada o broma pesada), había una concentración, frente a la pileta, en la plaza de armas “Porque se estaba haciendo entrega en forma PARCIAL  de las obras de remodelado” 

Escuché a un distinguido señor, que decía, casi gritando, que se debía de hacer la recepción de las obras, “sea como sea, porque Chachapoyas no debe parar” Se identificaba como un especialista en turismo, que laboraba desde el año 2008 y que Chachapoyas estaba perdiendo una gran cantidad de dinero porque los turistas han dejado de visitarla.

Me pregunto, lo que sigue, y lógico, yo, me respondo negativamente. 

Pero si a alguna persona compra una casa, paga por adelantado, aceptando los planos que lo presentan, lo cual son de su conformidad. No lo entregan en un plazo acordado previamente y después de “concluir” con los trabajos ofrecidos, el que hizo la casa y la vendió, manda a sus empleados y subalternos que le digan, “venimos por orden del señor fulano de tal para que le hagamos entrega parcialmente de su vivienda, que ya la pagó, pero le decimos que no tiene buenos desagües, le falta agua potable, los pisos, no están seguros, los ladrillos se están cayendo, pero eso si la fachada está bien pintadita por si acaso” Alguien así recibiría una propiedad? Pienso que no, porque es su plata, pero en el caso de las obras públicas no importa, porque total ni al dueño le interesa, en este caso,  el alcalde provincial ni al consejero regional de la ciudad y ni mella con el gobernador.

En otras épocas, los diputados, el senador, el alcalde, el prefecto e inclusive el presidente de la corte superior de justicia, los vocales y el fiscal, eran autoridades que hacían respetar los contratos y los convenios y se preocupaban que las obras estén bien hechas. Recuerdo al Dr. Aurelio Zegarra, presidente de la corte, se preocupaba inclusive que los contratistas que hacían las pistas de la ciudad tengan la mescla exacta con una bolsa de cemento por dos de arena, si mal no recuerdo, igual hacía el prefecto don Carlos Velarde Más, ahora escucho que las autoridades están enjuiciadas por no cumplir con sus deberes, por lo que el pueblo les paga y están más preocupados que no vayan a tocar sus nombres en algo insólito o delictivo, sacando para ellos comunicados, para que el pueblo se entere que son honestos, por si acaso.

No critico al señor que opina que Chachapoyas no debe detenerse, cada cual defiende el campo en el cual es un especialista y tal vez tiene razón, es asertivo y es valiente,  cuando reclama que ya no se puede hacer nada, ahora que las obras ya están terminadas…, en este caso tiene toda la razón del mundo, porque ha sido  y es obligación  de las autoridades pertinentes controlar, supervisar, fiscalizar y reclamar en el momento oportuno todo lo que está mal hecho y ahora son ellas las que deben  estar recibiendo lo que no controlaron y deben ser ellos los que carguen con la crítica del pueblo y el juicio de la historia.

Jorge REINA Noriega
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