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ÁGUILA SI, VÍBORA, NUNCA

Pastillita para el Alma 10 – 07 -19 El agua se precipitaba de la falda de la montaña y se esparcía, donde se inicia el valle en un riachuelo, al que iban aumentando su volumen, todas las aguas que bajaban de pequeñas torrenteras, para convertirlo en un rio de aguas cristalinas, que haciendo cur

ÁGUILA SI, VÍBORA, NUNCA



12/07/19 - 08:54

Pastillita para el Alma 10 – 07 -19

El agua se precipitaba de la falda de la montaña y se esparcía, donde se inicia el valle en un riachuelo, al que iban aumentando su volumen, todas las aguas que bajaban de pequeñas torrenteras, para convertirlo en un rio de aguas cristalinas, que haciendo curvas como “eses” perfectas, recorriendo  una pampa de gran extensión, desaparecía en un socavón, parecido a la boca de una vieja desdentada, debajo de un cerro, haciendo un ruido espantoso, como si el agua rodara al fondo de la tierra, por la garganta, de un temible ogro. 

 Sin embargo, el agua es vida y en su pequeño y curvilíneo recorrido, permitía que en sus márgenes creciera la hierba verde que era el alimento de bastante ganado vacuno, que pastaban a sus anchas, mientras los becerros balaban y correteaban, al sonido del canto de muchísimas avecillas de diferentes colores que saltaban en la rama de los árboles, cuidando sus nidos, llenos de pichones, que no se atrevían a volar.

Todo era felicidad, o aparente felicidad, sin embargo en un pilón, alejado del cauce  del rio, crecía un árbol, de tamaño raquítico, lleno de espinas, parecidas a púas filudas de alambre, en las que algunas tarántulas se animaban a trepar, para tejer sus redes mortales; este pequeño arbolito,  aborto de la naturaleza, maldiciendo su mala suerte y su futuro, crecía difícilmente, escondido dentro de las malas yerbas que estaban a su alrededor, con las que competía por la escasa agua y poca tierra fértil y donde se deslizaban víboras y alimañas, en busca de grillos, moscardones y alimañas.

Un día la tierra tembló y desde la cumbre del desfiladero, rodó una enorme piedra, que cambió todo el panorama del hermoso valle y el pilón solitario, aislado del agua, se vio bañado del líquido elemento y  el pequeño arbusto, que dormitaba en su odio, se vio rebosante, empezando a crecer con sus ramas llenas de espinas, elevándose orgulloso hacia arriba, deseando alcanzar las nubes…, en la parte alta de su tronco, había dos nudos marrones, remedos de ramas que parecían  ojos, que miraban alborozados, como los árboles, que ayer extendieron sus ramas para dar reposo a las aves, morían ahogadas en el fango de la ciénega y  del lodazal que había originado el cambio del cauce del rio. 

Más la vida continúa y lo que ayer fue desgracia para unos y felicidad para otros, llega a su fin y aquel que se nutrió con odio y malas artes, rodeado de malandrines y ayayeros, que lo único que hicieron fue solo azuzar la injusticia y el rencor, empiezan a cobrar su factura,  recibiendo el pago de su maldad.

El árbol imponente, intocable, que deseaba alcanzar el cielo, que sacudía sus hojas cuando un pájaro herido deseaba descansar sus adoloridas alas, sintió que sus entrañas se desgarraban cuando en la oscuridad de la noche, el brillo de un relámpago rasgó el velo negro de las tinieblas y el quejido de su dolor se confundió con el ruido del trueno que sigue al látigo luminoso de Dios que castiga  la mala fe, la soberbia y la vanidad. 

Hay personas en el mundo, que sin haber procedido aparentemente mal y aún más, habiendo destacado en la misión que les tocó desempeñar, sin razón alguna, son objeto de acciones que maltratan su dignidad humana y son atropellados injustificadamente, por aquellos individuos, que al parecer eran sus amigos, que pertenecían a su centro laboral y que de la noche a la mañana, llegan a tener poder y ocupan cargos importantes y son designados por autoridades engañadas, que desconocen sus antecedentes y les confían puestos de donde abusan y avasallan, a los que ayer fueron motivo de sus envidias.

Para aquellos equivocados dioses del olimpo, no les importa el dolor que tienen los seres queridos de sus “víctimas” en quienes desataron toda su ignominia. Ellos jamás van a tener en cuenta el dolor que ocasionan a la familia, que es la que sufre, en verdad vergüenzas y desaires, porque ellos son conscientes que su progenitor o su familiar muy cercano, es incapaz de cometer actos dolosos, pero la maldad de la gente se regocija en los que nunca  hicieron un mal y menos aspavientos en su círculo más íntimo.

Cuando alguien deja un cargo, aún sus amigos más cercanos, aquellos conscientes de su honestidad a toda prueba, empiezan a murmurar, que algo habrá de cierto, cuando el director o el jefe así lo ha decidido y el mal se esparce, como una marejada de mugre, que va manchando el honor y el nombre, de aquel que ya no puede defenderse, porque hay un papel, que con letra negrita dice: “cambiado por no gozar de mi confianza” y así hayan miles de explicaciones, tratando de explicar el abuso, siempre va a quedar aquello, que “el jabón por muy bueno que sea, blanquea todo, pero nunca quita totalmente la mancha”.

Esa mancha fruto de la envidia, de la maldad humana, que se irá con uno a la tumba, aunque Dios, con su infinita misericordia, te haya compensado con otras mejores colocaciones, donde nunca podrían llegar ellos, colocaciones que llenan de orgullo a los miembros de tu familia, que inclusive mejoran en su posición social y económica, pero ese miserable que te quitó la confianza, que es como el arbolito raquítico del valle, que por un accidente del destino, cambió su situación y se volvió un pavo real y pensó que llegó a la cumbre, jamás se dará cuenta que siempre existe una Justicia Divina, que compensa y cobra todo lo que se hace en este mundo, porque para los engañados y los que no ven con los ojos del alma, que adulan y alaban al mequetrefe que llegó a la cumbre, no saben que a la punta del cerro se llega en dos formas, volando como las águilas o arrastrándose como las serpientes y cuando uno tiene que bajar, de igual manera deja su lugar, con el vuelo apacible del águila, que ni siquiera se molesta en  mirar atrás, porque sabe que su sitio lo ocupa alguien igual o mejor que él y no es arrojado como a la víbora, que llegó a un lugar que no le correspondía y es arrojado al vacío, rodando con su miseria y desgracia a cuestas.

De este comentario, sin ninguna mala intención y menos dirigido a alguien en especial, es solo con la sana intención de retratar, situaciones por las que muchos de los seres humanos hemos atravesado o tuvimos la mala suerte de sentir en el camino verde de nuestra existencia y en los que sin llegar a ser pretenciosamente águilas, talvez fuimos gavilanes o halcones, pero jamás de los jamases víboras, serpientes o reptiles, que nos avergüencen o marquen a nuestras familiares, a nuestros seres queridos, a nuestra tierra bendita o manchen el apellido que es el legado más honroso que nos dejaron nuestros padres y dejaremos a nuestros hijos.

Jorge REINA Noriega
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